lunes, 21 de octubre de 2013

La fotografía, un debate pendiente

Foto: Amaury Martínez


“Fotografiar es alinear la cabeza, el ojo y el corazón, es una forma de vida”; esa es la definición de uno de los más grandes exponentes históricos de la fotografía mundial, Henri Cartier-Bresson, y lo confirman varios guayaquileños que cultivan este arte, quienes a través de sus imágenes cuentan historias y muestran realidades.

Para Ricardo Bohórquez, reconocido fotógrafo guayaquileño, su oficio es, en efecto, un estilo de vida. Tiene 45 años y es arquitecto. A pesar de que siempre estaba ligado a ella, su relación con esta profesión se afianzó a partir de la crisis económica, en 1998. “La arquitectura se paralizó con la crisis que hubo y empecé a fotografiar con mayor frecuencia, desde ese momento decidí que me dedicaría 100% a esto”.

Su labor está relacionada más con la fotografía documental. Ha colaborado con varias revistas del medio y asegura que vive de eso. Ricardo se considera un autodidacta. “Tomo tutoriales por Internet, leo, reviso textos”. Cree que en Guayaquil no existen discusiones y debates sobre la fotografía y su situación. “Aquí no hay escuelas formales, no hay academia”.

Con esta opinión concuerda Rodrigo Bermejo, fotógrafo profesional y director de la carrera de fotografía de la Universidad Casa Grande (UCG). Este argentino, radicado en el país hace dos años, considera que en cuanto a la enseñanza y el debate sobre este oficio a la ciudad le falta mucho. “Hay poca y de bajo nivel”.

La UCG hasta el año pasado ofrecía esta carrera, pero por el momento se encuentra en “stand by”. En Guayaquil el único establecimiento educativo que está autorizado, en la actualidad, para dar un título académico a los fotógrafos es la UPT.

Con la experiencia que ha obtenido Bermejo dirigiendo la desaparecida carrera de fotografía digital, afirma que actualmente no hay los profesionales para dar cátedra en la carrera de fotografía. “Tenés que buscarlos todos afuera, ni siquiera buscando en Quito creo que los encontrás. O sea, un plantel con calidad docente para enseñar fotografía como una carrera creo que aún no hay en el Ecuador”.

Chema González, fotógrafo plástico, no concuerda con la opinión de Bermeo. Para él, la ciudad cuenta con buenos fotógrafos y se atreve a decir que este año “la meca de la fotografía será Guayaquil”.

González es fotógrafo profesional, graduado en España. Decidió regresar al país y formar su centro fotográfico Diapo 35mm. Desde su perspectiva, la fotografía ha entrado en la misma dinámica de socialización que se ha dado en la política. “Yo creo que en la ciudad lo que falta es un mercado de fotografía”.

En Guayaquil son pocos los fotógrafos profesionales (con título), pero eso no significa que no existan. La calidad de los trabajos, el reconocimiento adquirido a través de los años, y la experiencia lograda con la práctica han formado un pequeño grupo de fotógrafos relevantes.

Entre ellos está Amaury Martínez, de 40 años, quien también llegó a la fotografía por la arquitectura. Su encuentro con el cuarto oscuro (donde se revelaban los rollos) lo impactó y desde ese momento su relación con esta forma de arte se ha intensificado hasta ahora, que está próximo a lanzar su primer libro de fotos sobre la vida en los circos.

“La primera vez que entré al cuarto oscuro quedé asombrado. Ver como mi fotografía iba apareciendo en el papel era algo mágico”, dice.

Martínez comenta cómo esa capacidad de asombro se ha perdido entre las nuevas generaciones. “Ahora a mis alumnos cuando los traigo al cuarto oscuro es como si desean que el tiempo pase rápido, no ven la magia que yo podía ver”.

Este aceleramiento es parte de la digitalización de la fotografía, que para muchos de la “vieja escuela” si no es utilizada con mesura se puede convertir en cualquier cosa, menos en una buena herramienta fotográfica. Tal cual lo comenta Roberto Pombar, fotógrafo reconocido por sus trabajos de moda y desnudos.

Para Pombar, que tiene 25 años en este medio, la digitalización ha permitido que muchos se hagan llamar fotógrafos. “Hacer clic no te hace fotógrafo, ahora muchos terminan la fotografía en photoshop”. Él asegura que si bien es cierto las nuevas herramientas te permiten mejorar ciertas cosas que pueden ocurrir inevitablemente a la hora de capturar la imagen, “el fotógrafo es quien crea y para eso se debe tener conocimientos técnicos suficientes, e incluso conocer la historia de esta forma de expresión”.

Pipo Klinger, de 25 años, lleva dos años haciendo fotos profesionalmente, pero toda su vida tomándolas, “ahí radica la diferencia”, explica este novel fotógrafo reconocido en el medio por sus imágenes lomográficas (es decir, intensas en color y, a veces, de apariencia viñeteada). “Tomar y hacer una foto son cosas distintas. Para la una solo haces clic, para la otra hay un proceso y una intención, una mirada más profunda”.

Todos los entrevistados concuerdan en eso: hacer fotografía va más allá de dar un clic. Los referentes son importantes para poder conocer y aprender de los grandes. La tecnología se renueva constantemente, pero la historia de la fotografía, sus bases y la sensibilidad que se necesita desarrollar, siguen siendo la íntima clave del asunto.

Ancón, una ciudad que vive de la nostalgia y el olvido



El primer pozo petrolero del Ecuador fue explorado ahí en 1911. Allí nació Alberto Spencer -uno de los 20 mejores futbolistas de Sudamérica-, de ese lugar son las manos del Ecuador, José Francisco Cevallos, y ahí también se formaron los primeros sindicatos de obreros del país. Ancón, una pequeña ciudad ubicada en la provincia de Santa Elena, a 140 kilómetros de Guayaquil, celebra los 100 años de explotación petrolera con la declaratoria de ciudad patrimonio cultural de la nación.

La mezcla arquitectónica es uno de sus principales atributos. El barrio inglés -el sector más llamativo por sus grandes casas de madera- remite hace cien años atrás, cuando llegó la Anglo Ecuadorian Oilfields Limited, la compañía petrolera que se encargó de la explotación del campamento minero y de darle trabajo a millones de personas.

Actualmente ya no hay comisariato con productos importados, ni un hospital con médicos y enfermeras ingleses. Ancón se convirtió en un pueblo olvidado, donde no hay bancos, ni hoteles y falta mucho por hacer.

Para Martha Pilco, presidenta de la Junta Parroquial de Ancón, la gestión que la institución realizó para que se reconociera a la ciudad como patrimonio ha tenido alrededor de diez años. “Ancón es una ciudad llena de historia, cuna de personajes emblemáticos, que se merece este reconocimiento. Es hora de que el país y el mundo sepan que este pedazo de tierra existe y es hermoso”.

La declaratoria se hizo posible por los resultados del registro, inventario y catalogación de bienes patrimoniales y estudio histórico de la memoria de Ancón que realizó el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural Regional en cinco meses.

Pedro del Río Jarrín, conocido como Perico, ha vivido los 67 años de su vida en Ancón, es dueño de la farmacia Santa Marianita, “la primera botica de la península fundada por mi padre en 1935”, asegura mientras cuenta que él aún se dedica a la farmacopea antigua, preparando purgantes y poción de riviere.

Perico recuerda como era Ancón cuando la Anglo estaba a cargo. “Todo era orden y disciplina, el campamento era completamente limpio, las casas bien arregladas y teníamos un comisariato inmenso con productos de primera calidad”, cuenta con euforia mientras que Mercedes Roca Matruz, quien vivió desde los cuatro años en Ancón, detalla que en esa época, un hombre de la sanidad se encargaba de visitar cada ocho días las casas y supervisaba que todo estuviera limpio y arreglado.

En la actualidad la empresa encargada de la explotación del petróleo en el lugar es Pacifpetrol. Francisco Chávez, gerente de la compañía, comenta que ellos han aportado al desarrollo de la pequeña ciudad restaurando algunas casas del barrio inglés que se encontraban en pésimo estado y están adecuando un mirador para que los turistas puedan observar el mar.

A pesar de que la regeneración llegó al centro del Ancón, aún hay muchos sitios que deben ser restaurados conservando su arquitectura original. Los habitantes del “campamento” como muchos aún lo llaman sienten que esta declaratoria le devolverá la vida a la ciudad.

Cuando la salud mental no es considerada una prioridad



Karina Delgado tiene 22 años y los últimos tres los ha pasado en terapia. Sufre de depresión mayor y una fuerte crisis en el 2009 hizo que dejara a un lado su trabajo y estudios. “No podía lidiar con la presión, las personas y las responsabilidades. Estaba en una etapa en la que me sentía sin norte y no sabía por qué”.

Antes de que Karina sufriera la crisis no había presentado ningún síntoma de su enfermedad, o por lo menos sus familiares y amigos no lo notaban. Ahora recibe tratamiento psiquiátrico y después de entender que es un trastorno mental con una prevalencia estimada de 15% al 25%, siendo mayor en mujeres, ha retomado sus actividades con normalidad.

Ella es parte de las 450 millones de personas en todo el mundo que sufren algún tipo de enfermedad mental. Cifra que según la Organización Mundial de la salud va en aumento.

Hoy se celebra en el Día Nacional de la Salud Mental. El 09 de mayo de 1980 fue creada la Dirección Nacional de Salud Mental marcando un “hito histórico en la salud pública del Ecuador”; sin embargo, después de 33 años de vigencia, aún no se vislumbra un proceso claro.

El director del Instituto de Neurociencias de la Junta de Beneficencia de Guayaquil, Dr. Fabrizio Delgado, cuenta que la institución ha tenido grandes avances que han beneficiado a alrededor de 72 mil pacientes que se atienden anualmente por consulta externa y 1800 que entran y salen del área de hospitalización. Pese a ello Delgado reconoce que la entidad no cubre la gran demanda de personas con enfermedades mentales que existen en el país.

“Nosotros solos como Junta de Beneficencia no podemos hacer mucho más de lo que esté a nuestro pequeño alcance, pero el gobierno con sus influencias, con sus recursos y con la intersectorialidad con la que cuenta, tiene muchísimo por hacer en el campo de la salud mental”, manifiesta Delgado.

En el país funcionan cinco hospitales psiquiátricos, situados en las tres ciudades más grandes: San Lázaro, Sagrado Corazón y Julio Endara –en Quito-, Instituto de Neurociencia –Guayaquil- y CRA, ubicado en Cuenca.

*LEAN LA NOTA COMPLETA EN http://www.ecuavisa.com/articulo/noticias/actualidad/30245-cuando-la-salud-mental-no-es-considerada-una-prioridad