viernes, 26 de septiembre de 2014

Para Luciano

Quisiera prometer todo lo bueno que un ser humano debe ser en la vida de otro, pero me da miedo. Soy miedosa. Me da miedo no poder cumplir. Quisiera poder asegurarte que nada, jamás nunca te dañara, que tendrás paz y que el amor infinito de Jeff y yo jamás te faltará, lo podrá curar todo, pero me da miedo no poder cumplir.

Quisiera poder prometerte que tendrás una hermosa familia que jamás se romperá, pero mi historia me ha enseñado que a veces hasta las mejores personas se rompen entre sí.

Mi sol, creo que la palabra amor no es suficiente para lo que siento por ti. No te conozco aún, pero te sueño y te veo grande, lleno de vida, magia y resplandor. Sé que llenarás de luz el mundo, a los tuyos. Sé que vendrás a hacer vibrar el mundo, así como has hecho vibrar cada parte de mi a medida que te he sentido.

Y jamás pensé decir esto, jamás creí que tenerte pudiera cambiarme tanto, y por eso estoy segura que eres transformación para el mundo. Eres luz, amor y energía. Quiero verte a los ojos y poder sentir magia, quiero verte caminar y saber que pondrás a correr al mundo, quiero escucharte y saber que ensordecerás a muchos.

Mamá te espera con amor y paz. Mamá te ama con todos los miedos que esta responsabilidad conlleva. Mamá promete hacer lo mejor que pueda para que seas un gran hombre.

Te estamos esperando, dos familias llenas de amor para ti. Un mar de diversidad que conocerás y a los que unirás. Decenas de cabezas distintas que te amarán a su manera, desde sus ideas, pero que tienen todo su corazón listo para entregártelo. Te estamos esperando mi pequeño gran ser de luz. Ven e ilumina el mundo.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Sobre la Unión de Hecho entre parejas del mismo sexo…



Antes de empezar a hablar sobre el tema por el que he decidido escribir, veo la imperiosa necesidad de hacer un recuento que los sitúe en el porqué pienso así; no como medio de justificación (la verdad no me interesa si aprueban o no mis ideas), si no como una eterna manía que tengo de contextualizarlo todo.

Cuando tenía nueve años mis padres decidieron bautizarme por la iglesia católica. Si hubiera dependido solo de mi madre lo hubiera hecho el mismo día que nací, pero papá es un hombre alejado de las tradiciones impuestas por la sociedad y –por ende- la iglesia.


A mis nueve años  –por un tema logístico- me bautizaron junto con mis dos hermanos menores. Yasmelly de seis y Jr de cuatro (en ese entonces). Dejamos de ser “moritos”, pero seguimos – hasta ahora- siendo ‘hijos del pecado’ porque mis padres no son casados, ni por la ley civil, ni por la ley de Dios.

Mi madre es una mujer católica, cree en Dios, ama a Dios y practica todos los días de la vida el valor más preciado que tiene el hombre: la solidaridad. Ayuda a quien lo necesita -sin pedir nada a cambio- aún cuando eso le ha costado reproches de nosotros, su familia.

Todas las navidades vamos a la iglesia con mamá. Mi papá se duerme en media misa, mi mamá reza, mis hermanos y yo seguimos el ritual. Yo tomo la hostia sin haberme confesado porque mamá me lo pide. Ella no puede hacerlo, porque –paradójicamente- a pesar de ser una excelente cristiana es pecadora por no haberse casado. Yo si puedo (podía porque ahora seré madre y mi hijo es ‘producto del pecado’).

Se preguntarán por qué toda esta descripción de mi historia familiar y su relación con la iglesia, pues por una sencilla razón: ahora que se legalizó la unión de hecho entre personas del mismo sexo veo en mis redes sociales a muchísimas amistades que se manifiestan en contra y usan como argumento a Dios, la iglesia y toda la parafernalia que la rodea. Yo crecí con la iglesia y creyendo en Dios.

Entonces inevitablemente pensé en todo lo que he aprendido durante mis 25 años de vida. Lo que me enseñaron mis padres, la escuela, el colegio, la universidad, la iglesia, la vida. Lo que aprendí y aprendí a desaprender por el bien de la humanidad, por el bien de la coexistencia en una sociedad tan diversa y plural.

Ecuador estableció como derecho constitucional la unión de hecho entre personas del mismo sexo y es una batalla que los homosexuales de nuestro país, del mundo han tenido desde épocas remotas. Batalla interna, externa, batalla individual, en conjunto, batalla que decidieron librar a los cuatro vientos y que poco a poco muchos nos hemos sumado desde diferentes trincheras, no porque seamos homosexuales, si no porque creemos en el ser humano, en la humanidad, en la solidaridad y el amor al prójimo.

Yo amo al hombre y su aparato reproductor masculino, me siento completa y satisfecha teniendo sexo con un hombre, pero no porque sea normal, sino porque me gusta, me complace, me llena. Si me sintiera incomoda o vacía probablemente tendría sexo con una mujer. No se trata de lo moralmente correcto, se trata de lo que te hace feliz, lo que te complementa sin dañar a los demás, sin lastimar a terceros.

Entonces, leo este montón de frases sin argumentos. Leo que Dios ama al pecador, pero no al pecado; leo amigos reprochando al Facebook que será de sus hijos en una sociedad en donde se ve “normal” dos hombres juntos y me río. No puedo hacer otra cosa que reírme porque me doy cuenta como la sociedad evoluciona tanto en ciertas cosas, pero arrastra tanto de la esclavitud en otras.

Estimados todos. Tengo 25 años, creo en Dios, pero en un Dios solidario, amable, honesto, un Dios profundo y espiritual, no un Dios superficial, materialista, racista, homofóbico, no creo que exista un Dios que señale y juzgue por amar, por querer ser feliz. Es imposible.

Creo en el ser humano, en la capacidad de reinventarse, creo en el amor fervientemente, creo que en algún lugar del mundo está la persona que te llenará el alma con solo mirarte y para eso no hay género, condición económica ni social, ni siquiera hay niveles de educación. Eso es algo que viene del corazón.

Entonces me pregunto: por qué en lugar de preocuparse en qué mundo crecerán sus hijos no se preocupan en construir un mundo mejor, pero no con todo ese cliché que el mercado vende; hablo de un mundo donde enseñemos a nuestros hijos a vivir en paz, tolerancia. A pensar que todo acto tiene su consecuencia y que no importa la condición sexual de una persona, sino su calidad de ser humano.

Señores y señoras es imposible medir a las personas, porque el ser humano como tal es un animal indescifrable, pero peor aún es querer calificar a alguien por su preferencia sexual. ¿Se dan cuenta lo aberrante del hecho? Decir que una persona es buena o mala, que está en lo correcto o equivocada, que está enferma o loca por amar a otra persona. Es desdeñoso.

Y muchos dirán: Noris, ahora que tengas a tu hijo te darás cuenta. Y respondo: Antes, cuando no sabía que Luciano estaba por venir no quería tener hijos. Una de las razones era porque me parece que este mundo está contaminado, aberrado. No por la homosexualidad, si no por las drogas, la mentira, la corrupción y una serie de actos que corrompen y dañan a las personas; dañan su espíritu, su corazón y su mente.

Ahora, que Luciano está por nacer, daría todo lo que fuera porque pueda crecer rodeado de amor, paz y poderle dar todas las herramientas que existan para que aprenda a discernir y a elegir lo que mejor le convenga. Eso solo él lo sabrá a medida que se caiga y se levante y si en el camino descubre que para estar completo tiene que amar a otro con un pipi igual a él, mientras sea feliz, mientras sea un hombre de bien que no dañe a nadie, que aporte a la sociedad y que trabaje en beneficio del mundo pues yo lo amaré a él y todo lo que signifique.

No desgastemos nuestras energías luchando en contra del amor. Alcemos la voz por lo que realmente corrompe al mundo. Unamos fuerzas para construir un mejor mundo, en el que las ideas de discriminación y estigma se anulen y que a esas personas que son capaces de juzgar al otro por amar se les lave el alma y puedan ver más allá de lo moral y absurdamente impuesto.

Paz para todos, siempre.