Algunos críticos dicen que la noción de lo contemporáneo inició después de la primera guerra mundial, cuando Isadora Duncan optó por bailar descalza, apartando las clásicas zapatillas de ballet y con una sencilla túnica como atuendo en vez del famoso tutú.
Esta disciplina que es portadora de una importante función, la comunicación, inició como una reacción en contra de las posiciones clásicas y rigurosas del ballet, pero a medida que ha pasado el tiempo ha fragmentado el modelo establecido originalmente y ahora es un arte que utiliza el cuerpo como un instrumento de expresión emocional y que se nutre de otras prácticas (teatro, música, pintura, etc) para crear una dinámica llena de energía, gestos y apropiaciones.
Localizar la danza contemporánea en Guayaquil no es difícil, los personajes que se desenvuelven dentro de esta disciplina se conocen todos, o casi todos. Carolina Pepper es una de ellos, inició en el mundo de la danza a los tres años, pero fue a los quince cuando tuvo su primer acercamiento con lo contemporáneo. “Un día llegó Lucho Mueckay a Guayaquil y empezó a dar cursos de danza contemporánea en la Casa de la Cultura y yo me pase a recibir clases con él”, comenta Pepper, quien desde entonces dejó las zapatillas de ballet, por movimientos que alcanzan cada segmento del cuerpo, y se dedicó a perfeccionarse viajando a otros países, a recibir talleres, cada vez que puede y a dar clases en la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas.
Luis Mueckay, bailarín de danza contemporánea y co-fundador del Colectivo de danza y teatro Sarao, recuerda que su regreso definitivo al país se dio en 1988, pero antes de eso ya existía un notable desarrollo de la danza contemporánea en la capital por algunos solistas y agrupaciones, como el Frente de Danza Independiente dirigido por Wilson Pico y Kléver Viera. Mueckay rememora como su primera presentación en el Teatro Centro de Arte dejó “extrañados” a muchas personas del público quienes no entendían esa nueva y “rara” forma de movimiento escénico, ya que hasta ese momento en Guayaquil la preponderancia continuaba siendo ballet, la danza folclórica, el flamenco y un estilo de jazz de revista con notorias bases en el clásico.
Luego de eso Lucho, como lo conocen la mayoría de personas, decide quedarse en su ciudad natal y dictar talleres formativos en diversos lugares de la urbe. A la par Sarao cobra fuerza con el ingreso de los bailarines Jorge Parra y Tani Flor, y actrices como Marina Salvarezza y Mirella Carbone de Perú.
El escenario de la danza contemporánea parecía empezar a dar sus frutos en el puerto. Mueckay empieza a dirigir la escuela de ballet de la Casa de la Cultura, Núcleo del Guayas -que en ese entonces estaba a cargo de Miguel Donoso Pareja- y junto con Sarao surgió la primera generación de bailarines contemporáneos de Guayaquil: Fanny Herrera, Omar Aguirre, Fernando Rodríguez, José Manners, Alex Zambrano, entre otros. Posteriormente vinieron Cindy Cantos, Paola Cabal, Michelle Mena, las hermanas Ibáñez, Wendy Leyton, Nancy León, Carolina Pepper, Katty Zimisterra, Mónica Hurtado, Pedro Hurtado, etc.
Sin embargo, en la actualidad el escenario ha cambiado un poco. En un lapso de más de dos décadas surgieron y desaparecieron agrupaciones, aumentó el número de bailarines y coreógrafos contemporáneos, pero también la mayoría de estos terminaron emigrando de Guayaquil o del país. Para bailarines de larga trayectoria como Jorge Parra, director de la corporación Zona Escena, la situación actual de la danza contemporánea en la ciudad es preocupante. Para él, a las autoridades culturales e incluso a los mismos bailarines, les falta más autonomía, menos concesiones, más creadores y mejores espacios de formación para cambiar la mentalidad de la gente que estudia danza ,-aunque considera que hay algunos pocos dedicados a la danza con seriedad y respeto- . “Falta mística, rigor y pasión por este arte; hay unos pocos muy emprendedores, pero eso no es suficiente”, manifiesta.
Jenny Carvajal, bailarina contemporánea y estudiante de danza en la Universidad Espíritu Santo, cree que esta disciplina está “avanzando”. Ella siente que el panorama artístico de la ciudad está mejorando ya que cada vez es más recurrente que lleguen a Guayaquil bailarines importantes del extranjero a dar talleres y capacitaciones, sin embargo Jenny asegura que lo que hace falta en la ciudad es una compañía “Creo que es necesario que Guayaquil ya tenga una compañía, de ese modo el trabajo de los bailarines y coreógrafos podrá ser recompensado económicamente, porque aquí es muy difícil solo vivir de la danza, sobre todo si se alterna con otras actividades para obtener el sustento diario”.
Como otras artes escénicas, la danza de Guayaquil ha sido relegada en mucho tiempo por centralismos y falta de apoyo decididos, así lo ve Lucho Mueckay, quien cree que este arte esta reinventándose, “por rehacerse, por ser batallada”. Mueckay, maestro de muchos bailarines, considera que aún se tiene que vencer prejuicios culturales donde la técnica solo sirve para atraer estatus, preciosismo, clonación de cuerpos, “o enriquecerse con mínimos esfuerzos”. Pese a ello se reconoce optimista y cree en los cambios que se están dando, como la creación de la nueva Universidad de las Artes, de la que Guayaquil será su sede. “Porque de acuerdo a lo que conozco hasta aquí, la intención de las autoridades culturales es que, históricamente y de una vez por todas, venga a zanjar una deuda con las vocaciones y condiciones de aquellos nuevos artistas que no han tenido una real oportunidad de desarrollo. La danza contemporánea debe tener un carácter inclusivo y social”, afirma Mueckay.
Carolina Pepper concuerda con el hecho de que se están generando espacios académicos que ayudan al crecimiento de este arte, ya que para ella la danza contemporánea es la mas intelectual de las danzas “porque no es un paso más otro paso y armaste el baile, hay un proceso complejo desde la puesta de luces hasta la coreografía en sí(...) hay una manera mas consciente de trabajar con el cuerpo, de qué estás haciendo y por qué. Se puede trabajar mas orgánicamente o no”.
Y es que el cuerpo del bailarín contemporáneo no solo que debe tener condiciones corporales óptimas, sino que debe aprender a conducir energías y habilidades creativas que le permitan trabajar con un coreógrafo o convertirse en uno sin someterse a la tiranía de la imitación.
“Un bailarín contemporáneo casi siempre termina siendo un creador, es un estado de habilidades físicas y corporales que llevan a un propósito expresivo y comunicativo. Por eso, el arte de la danza contemporánea busca interpretar el movimiento con nuevas propuestas y buscando identidades, alcanzado autonomías”, cuenta Mueckay; y Pepper lo corrobora. Para ella la preparación de un bailarín contemporáneo es integral: cuerpo y mente. Tener referentes para Carolina es esencial, ver videos, leer, compartir, debatir es necesario para que un bailarín pueda crear, atravesar las barreras de la imitación y el cliché y atreverse a proponer nuevas cosas.
Sin embargo esta concepción de lo que es la danza contemporánea, que es compartida por todos los entrevistados, se ve mermada por los nuevos y bien posicionados realities de televisión -en donde el baile y la “danza” han tenido gran aceptación por parte de los televidentes- que presentan a bailarines profesionales y no profesionales con coreografías de todo tipo, incluyendo contemporáneas. Pedro Hurtado, bailarín guayaquileño -de la Compañía Nacional de Danza- radicado en Quito, manifiesta su malestar ante estos programas, ya que afirma que en vez de “culturizar a los ecuatorianos sobre lo que es la danza, en especial la contemporánea, ha ridiculizado el arte convirtiéndolo en un show sin verdadera técnica, profesionalismo y rigurosidad”.
Jorge Parra asiente la percepción de Hurtado sobre este tema. Considera que estos espacios desinforma y “deforman los conceptos danzarios tan masivamente en un medio que es capaz de convocar a millones de personas, como es la televisión”.
Entonces piensan que todo lo que no es ballet es contemporáneo y no es así, recalca Carolina Pepper. Ella afirma que existe una falta de definición “la gente no esta muy segura de lo que es contemporáneo entonces arman a veces cosas que no lo son”.
En cuanto a si existe o no un movimiento de danza contemporánea en la ciudad Jorge Parra y Lucho Mueckay coinciden en algo: hoy en día no, no hay movimiento. Para Mueckay está fragmentando, descontinuado, sin público que lo siga, “de retazos, que sobrevive, que le falta desarrollo. Entusiasta y sacrificado sí, pero extraviado”. Pero para Parra aún no ha existido un movimiento de danza contemporánea en Guayaquil. “Creo que no existe, ni ha existido. Considero que se han generado procesos donde ha habido producción y algunos grupos muy estables como Sarao y otros que aparecieron y desaparecieron; bailarines diletantes, algunas creaciones sin sostenimiento cierto, incluso, los grupos estables con poca producción de obras y poca difusión de las mismas, pero no un movimiento“.
Mientras el debate continua y el proceso se va dando paulatinamente hay bailarines que siguen apostando a romper con el posicionamiento que ha tenido el ballet y los siglos de existencia en el imaginario cultural. Hay quienes deciden bailar sin zapatillas, con otro vestuario, demostrar que la danza contemporánea no es hija del ballet, es su propia hija, es creación, ruptura, y pasión.
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