viernes, 13 de junio de 2014

-VI-




Siempre pensé que llegaría a los treinta soltera, viviendo en un departamento sola, viajando por el mundo y festejando mis ascensos laborales y académicos. Hasta hace seis meses ese era el escenario ideal para mi, así quería vivir. 

Ahora todo cambio. Esa capacidad de controlar las emociones y situaciones en mi vida se volvieron nulas cuando la llegada más inesperada de todas se hizo presente: estoy embarazada, tendré un bebé; 
ahora no seré yo a los treinta emborrachándome de felicidad por tener un hermoso carro o haberme comprado una casa, seré yo a los treinta celebrando el cumpleaños número cinco del príncipe de mi vida. 

Cuando me enteré el shock fue tan grande que ni siquiera lloré, no sabía que hacer. Es como si las emociones se hubieran paralizado y en segundos pasaron flashes de mis amigas con sus hijos, sus sufrimientos, sus preocupaciones y yo me vi igual que ellas. Me vi en medio de la nada intentando ser todo y me aterré, me aterré como jamás en la vida lo había hecho. 

Ya han pasado seis meses, la barriga esta grande; soy como una sandía  con piernas y brazos largos. Hace cuatro me enteré que iba a ser mamá, hace tres soy la mujer más feliz del mundo. No voy a mentir, los miedos llegan a diario, cada día más y más. Ahora lloro de vez en cuando - no de pena- pero confieso que la incertidumbre siempre ha sido algo que me abruma, me descoloca emocional y físicamente.

Tengo a la mejor familia que me pudo haber tocado. Mis padres me han apoyado desde que se enteraron, se preocupan y aunque no lo dicen sé que hubieran querido que sea diferente. Que yo, su siempre pequeña hija, hubiera tenido primero un hogar, un compañero de años y luego un bebé. Ese es el ideal de todos, pero la vida es tan impredecible que las cosas llegan cuando deben no cuando uno quiere. 

Tengo mucho tiempo que no escribo sobre mi. Hoy decidí hacerlo como un ejercicio de autoexamen. Cuando alguien se entera que seré mamá me felicita y acto seguido, como si de una constante se tratará, casi siempre dicen "no te imaginaba nunca así" ¿Mi respuesta? Yo tampoco.

Y es que es cruelmente cierto. No me veía siendo mamá. Es verdad que es innato en mi ese instinto de cuidar al otro, de preocuparme por los demás, de organizar y de querer que todo siempre salga bien, pero MAMÁ, es una palabra a la que siempre le tuve miedo.

Ahora estoy aquí a punto de estallar, con las emociones más hermosas y aterradoras que existen mezclándose, intentando prepararme para este nuevo reto, asimilando que ahora no soy yo y el mundo, ahora soy yo esforzándome para que mi bebé sea feliz en este mundo y yo sonreír con  él y enseñarle que lo más importante de existir es aprender a vivir en paz.













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